Transportaban a los perros en pésimas condiciones durante viajes de hasta 16 horas. Muchos de ellos llegaban a morir o contraían graves enfermedades. El destino final de los canes, ser vendidos en mercadillos de Valencia o en tiendas especializadas, cuyos dueños eran engañados por la banda con falsos certificados de pedigrí. El botín de los delincuentes: lograr hasta 850 euros por animales que habían comprado por unos 50.
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(publicado originalmente el 18/7/2007)
(publicado originalmente el 18/7/2007)
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